martes, 8 de febrero de 2011

DESARROLLO Y DEMOCRACIA

En este sentido, Lula criticó el sistema económico neoliberal y consideró que la redistribución de la renta y la justicia social son “la manera más sostenible de desarrollarse”. “El Consenso de Washington se fue a la quiebra”, apuntó. Aquellos que, con arrogancia, nos daban instrucciones, no evitaron la crisis”, dijo, en una alusión al FMI.

Lula abogó por “poner el desarrollo y la democracia en las agendas mundial y africana” y auguró que “el orden económico mundial ya no será diseñado por algunas economías dominantes porque, sin los países en desarrollo, no será posible abrir un nuevo ciclo de crecimiento”. Refiriéndose a la entrada de países emergentes en el G-20, el ex presidente dijo que fueron llamados “porque los países desarrollados entraron en crisis” y no “por una sensibilidad hacia los pobres del mundo”.

jueves, 3 de febrero de 2011

LITERATURA CONTEMPORÁNEA BUDISTA

Los libros zen de Paul Auster



Por Lucía Sevilla

Conocí A Paul Auster cuando estaba en mi época más ardorosa de practicante zen: una amiga, voraz lectora y crítica sagaz, puso en mis manos "El palacio de la luna". El tipo que había escrito aquello practicaba zen como yo, sin duda, o al menos había oído hablar y se había dejado seducir por el 'street zen' del maestro Issan Dorsey (por cierto me acabo de enterar de que ediciones i está preparando la edición en español de "Street zen", la biografía de ese peculiar y rompedor maestro perteneciente a la primera generación de maestros zen yanquis. ¡Ya era hora!).

Me enamoró su lectura porque era un soplo de librepensamiento en una sociedad que empezaba a volverse rancia y oscurantista, y puse las antenas para detectar cualquier otra aparición en las librerías de ese desconocido. Y no me decepcionó: en los años siguientes, a un ritmo de trabajo regular e infatigable, como quien cumple una misión más allá de su deseo personal, vinieron una docena de libros más. Ya no tardaban diez años en saltar el océano, sino que lo hacían en apenas unos meses. Paul Auster empezaba a ser un viejo conocido y podíamos tener la confianza de que para la nueva temporada tendríamos otra obra suya. Con la familiaridad acabamos acostumbrándonos a su galería de personajes: antihéroes insignificantes en el marco de la gran ciudad, como el propio Emmett Fogg, protagonista de "El Palacio de la luna".

O artistas que tras haber alcanzado las cotas más altas de la celebridad regresan voluntariamente al anonimato, mientras su obra se celebra en las aulas o se expone en los muesos, como el Benjamín Sachs de "Leviatán" o el Hector Mann de "El libro de las ilusiones". Personas que sueltan las riendas de su vida y se abandonan en su propia casa o en medio de la calle, como el Daniel Quinn de "La ciudad de cristal". Buscadores de algo inconcreto que aplaque el desasosiego de ser, como los dos protagonistas de "La música del azar", que acaba conduciéndoles a un más allá metafísico de lo cotidiano.

Todos ellos hombres y todos torturados por la falta del padre, esa figura entre débil y esquiva que acaba siendo su verdadero maestro interior, el motor de su búsqueda. Los encuentros y desencuentros de la literatura con la realidad. El mismo Paul Auster habitando en varios de sus relatos, para dejar bien claro que es consigo mismo con quien juega a policías y ladrones. Y luego siempre, en el límite con la heterodoxia y la cordura, historias como la de "Tombuctú", relato en primera persona de Mister Bones, perro mil leches que acompaña a un vagabundo excombatiente del Vietnam; o el ya mencionado Benjamín Sachs de Leviatán, que se dedica a dinamitar todas las réplicas de la Estatua de la Libertad que hay diseminadas por los EEUU.

O su más extraña novela: "El país de las últimas cosas", apocalíptica contrautopía donde el mundo se deteriora a ojos vista ante la desquiciada resignación de sus habitantes. A través de todas estas obras fui siguiéndole la pista hasta que apareció "Míster Vértigo" y lo aupé definitivamente al altar de mis maestros (a pesar de que siguiera sin definirse como budista). En esta novela, que no es la mejor de las suyas pero sí tal vez la más cálida, narra cómo el maestro Yehudi, un judío húngaro de misterioso origen, recoge de la calle a un niño de nueve años llamado Walt con la promesa de que si se va con él le enseñará a volar. Su penúltima novela, "La noche del oráculo", ya marcaba una inflexión descendente en su carrera; dirección que se ha confirmado con la última, "Brooklin follies", donde encontramos a un Auster pagado de la vida, satisfecho, o tal vez simplemente vacío de toda aquella agitación que durante quince espléndidos años lo tuvo en trance.

Recientemente, en una entrevista publicada en el número de abril de "Qué leer", él mismo lo confiesa: "Creo que mis grandes novelas ya están escritas". Ha llegado, pues, el momento de los premios, del reconocimiento oficial, ese homenaje que nuestra sociedad suele otorgar a los artistas que custodian los umbrales de la conciencia cuando dejan de ser una amenaza y entran a formar parte de la herencia del pasado. Sus libros, sin embargo, siguen ahí y permanecerán vivos al menos un tiempo, antes de ser un simple registro en la historia del arte. Si no lo han hecho ya, lean "Mister Vértigo", novela que les recordará que vivimos inmersos en el misterio; o "La música del azar", por el placer de leer una obra maestra. O "El libro de las ilusiones", lecciones para profanos sobre el mundo de samsara.

CONOCIMIENTO Y VALORES MORALES. MATTHIEU RICARD

Jueves Diciembre 2, 2010

La mera acumulación de conocimiento no es suficiente. Mi maestro, Khyentse Rinpoche decía: “Si amasas aprendizaje intelectual solo para que puedas ser influyente y famoso, tu estado mental no será diferente del de un mendigo que depende de la gente rica. Tal conocimiento no te ofrece ninguna ventaja para tí o para los demás. Como dice el proverbio: ‘Mucho conocimiento, mucho orgullo’. ¿Cómo puedes ser de ayuda a otros a menos de que subyugues las tendencias negativas que están ancladas en lo más profundo de tu ser? El pensar que lo puedes lograr es una broma: como si un mendigo empobrecido invitara a todo el pueblo a un festín.”

Existen muchos indicios de éxito en la vida contemplativa. Pero lo más importante es que tras muchos meses o años, tu egoísmo se habrá disminuído y tu altruismo se habrá incrementado. Si el apego, odio, orgullo o envidia aún se mantienen tan poderosos como antes, entonces habras perdido tu tiempo: como si hubieras caminado hacia un callejón sin salida y hubieras engañado a otras personas.

El conocimiento científico no tiene en sí o por sí mismo ninguna conexión particular con los valores morales. Así que necesitamos cultivar valores interiores a través de la reflexión y el entrenamiento mental para ser capaces de disipar las ideas fundamentales confusas y erróneas que producen la mayoría de nuestro sufrimiento y el de los demás.


miércoles, 2 de febrero de 2011

TIBET


Situación del Tíbet

Un resúmen de la situación del Tíbet desde la invasión china de 1949-51.

Por Consuelo Santamaría

En 1949 el Ejército Popular de Liberación invadió un país apenas conocido en Occidente, el Tíbet. Ubicado al suroeste de China y al norte de la India, y con una extensión equivalente a tres cuartas partes de México, el Tíbet soportó los primeros años de invasión sin oponer resistencia; sin embargo, para el 10 de marzo 1959 inició en Lhasa (la capital) el Levantamiento Nacional Tibetano con la mayor manifestación en la historia de ese país para exigir que los chinos salieran del Tíbet y reafirmar su independencia. El ejército de China reprimió con brutalidad el movimiento, por lo cual S.S. el Dalai Lama, líder espiritual y jefe de Estado, salió en busca de asilo político.

Durante los siguientes años, S.S. el Dalai Lama ha buscado el apoyo de la ONU, la cual emitió resoluciones adoptadas por la Asamblea General en 1959, 1961 y 1965, solicitando a China que respetara los derechos humanos del pueblo tibetano y su deseo de autodeterminación. Para 1988, S.S. el Dalai Lama modificó sus demandas con la intención de llegar a un acuerdo y propuso la creación de un Tíbet democrático y con gobierno autónomo, en asociación con la República Popular de China.

A pesar de lo anterior, este país ha insistido en que su intervención tiene el fin de ayudar a los tibetanos, respetando su cultura y sus derechos humanos. Sin embargo, si se toma como ejemplo que de los 6,259 monasterios que había en 1959 en el Tíbet, para 1976 sólo quedaban alrededor del 10% en pie, además del hecho de que entre 1959 y 1979 la población se redujo a 1.2 millones (una sexta parte de la que había antes), se puede apreciar que el discurso de China no es preciso. Entre las diversas medidas que afectan al pueblo tibetano, se encuentran las siguientes: libertad religiosa superficial intervenida mediante el adoctrinamiento político, transferencia de población china al Tíbet (situación que viola acuerdos como la 4ª Convención de Ginebra, 1949), presencia militar, daños a la ecología (mediante la destrucción de bosques para crear campos agrícolas, pruebas nucleares, producción de armas, extracción de uranio y desechos tóxicos), etc.

Los llamados internacionales han propiciado que China procure mejorar ciertos aspectos, por lo que se ha dado a la tarea de reconstruir algunos monasterios, los cuales se exhiben en brillantes carteles como atractivo turístico, aunque el acceso es restringido. También se señala el elevado subsidio que Beijing destina a lo que ahora se conoce como la Región Autónoma del Tíbet, además de la apertura a la inversión extranjera. Esto se refleja en la construcción de carreteras, campos aéreos, centrales eléctricas y puentes. Sin embargo, en el caso de las carreteras, éstas sirvieron sobre todo para fines militares, pues no fue sino hasta 1980 cuando se estableció un servicio de transporte público. Las principales quejas de las voces tibetanas señalan problemas como el bajo índice de alfabetismo, la discriminación, el desempleo y el desplazamiento a favor de los colonos chinos.

En 1991 la Subcomisión para la prevención de discriminación y para la protección de minorías de la ONU, presentó la resolución de la “Situación del Tíbet”, documento que señalaba la violación de derechos humanos y de libertades fundamentales, así como la amenaza a la identidad cultural, religiosa y nacional distintiva del pueblo tibetano. A partir de entonces, dicha Subcomisión se ha dedicado a recabar evidencias que contradicen el desarrollo de los tibetanos que supuestamente ha logrado China. Por otra parte, en 1992 el Congreso de los Estados Unidos y el Parlamento de Australia reconocieron al Tíbet como país independiente.

Hace poco, cuando S.S. el Dalai Lama visitó Canadá, China protestó y señaló que el gobierno canadiense ejercía también una intervención en la provincia de Quebec. La respuesta fue contundente: No hay punto de comparación, pues dicha provincia decidió permanecer unida a Canadá mediante un referéndum, tiene derecho a conservar su lengua y las condiciones de vida son excelentes. ¿Hay algo de esto para el Tíbet? Ciertamente se observa un desarrollo en la región, pero por desgracia no es la mayoría del pueblo tibetano quien ha recibido los beneficios.


Fuentes:

  1. www.tchrd.org
  2. www. tibet.com/WhitePaper/exesum.html
  3. www.tibetoffice.org/sp
  4. www.usinfo.state.gov


SHANTIDEVA BREVE BIOGRAFIA


Al estudiar un texto tan importante y hermoso como el Bodhisattva Charyavatara, se acostumbra dar una breve biografía de su autor, pues mediante el ejemplo de su vida esperamos generar confianza en sus palabras.

Nació en 687 d.C. y recibió el nombre de Shantivarmana, “armadura de la paz”. Fue hijo único de una familia real del oeste la India; su padre, el rey, se llamaba Kushalavarmana “armadura de virtud”. Muchos signos auspiciosos acompañaron su alumbramiento, anunciando que realizaría muchos hechos extraordinarios.

Desde niño mostró gran interés por la religión. Alrededor de los siete años era ya muy versado en estos temas. Su maestro principal fue un gran yogui, del que se dice que había logrado la unidad con Manjushri (el Buda de la Sabiduría). De su maestro recibió varias y profundas iniciaciones. Empezó a tener visiones de Manjushri y finalmente se convirtió en su discípulo directo.

Cuando tenía más o menos 20 años, su padre falleció, pero él no quería convertirse en rey pues no le atraía esa clase vida. Sin embargo, sus súbditos y nobles le suplicaron que tomara el lugar de su padre, pues él era el elegido. Shativarmana finalmente cedió y se hicieron todos los preparativos para su coronación.

Un día antes de la ceremonia, Shantivarmana tuvo un sueño: Manjushri estaba sentado en su trono y le reclamaba: “¿Cómo puedes atreverte a ocupar el mismo sitio que tu Maestro? ¿A sentarte a su mismo nivel?” Se despertó azorado al comprender que su coronación no era del agrado de Manjushri. En medio de la noche escapó de su palacio.

Dirigió sus pasos a Nalanda, la universidad monástica más importante de su tiempo. Hoy en día todavía perduran sus ruinas, las cuales constituyen un sitio de peregrinación. Shantivarmana fue ordenado por el abad Jayadeva, quien le dió el nombre de Shantideva.

En ese momento Shantideva era ya mucho más que un simple novicio, pues conocía muchas meditaciones tántricas que Manjushri le había enseñado directamente. Decidió practicar en las noches y dormir de día. Sus compañeros en Nalanda, ignorantes de esto, pensaban que era un flojo e irresponsable, por lo cual lo apodaron busuku (“las tres realizaciones”) en son de burla; con esto querían decir que había obtenido las tres realizaciones de comer, dormir e ir al baño.

Sus compañeros se impacientaron por la supuesta indolencia de Shantideva y pensaban que era una deshonra para una universidad tan prestigiada como Nalanda. Por lo anterior, idearon un plan para deshacerse de él. Decidieron que cada monje debía impartir una enseñanza a todo el monasterio. Según ellos era un plan perfecto, pues suponían que iban a dejar al descubierto la ignorancia de Shantideva, y ante semejante vergüenza, humillado, abandonaría la universidad.

Fueron pasando los monjes a decir sus enseñanzas, hasta que finalmente llegó el día en que Shantideva debía dar su discurso. La primera dificultad que encontró fue que sus compañeros monjes, en un afán de molestarlo, le habían construido un trono muy, pero muy alto, al que no se podía acceder. No tenía escaleras, ni ninguna otra cosa con la cual alcanzar el asiento. Ante esto, para asombro de todos, Shantideva colocó su mano en el asiento, lo “bajó” hasta su nivel y se sentó sobre él. Después el trono volvió a ascender hasta el nivel donde estaba anteriormente.

Asombrados, los otros monjes se preguntaban si Shantideva sería un maestro verdadero o si estaría utilizando la magia negra. Shantideva les preguntó si querían escuchar una enseñanza conocida o una nueva. Una nueva, contestaron. Entonces Shantideva comenzó a declamar lo que hoy conocemos como “Guía a la Forma de Comprometerse en la Vida del Bodhisatva” (Bodhisattvacharyavaratara en sánscrito), el libro que vamos a estudiar.

Todos los monjes quedaron impresionados ante sus conocimientos. Cuando declamó el capítulo noveno que explica la verdadera naturaleza de las cosas. En el verso que dice “todo es como el espacio”, empezó a elevarse poco a poco hasta una gran altura. Después, para mayor asombro de los monjes, empezó a desaparecer; finalmente sólo se escuchaba su voz. Al terminar, nada supieron de él. Se había ido. Había desaparecido.

Todos comentaban la enseñanza de Shantideva. Entre dos escuelas diferentes de la universidad empezó a surgir la controversia acerca de si había dado nueve o diez capítulos y concluyeron que la única forma de saberlo era preguntárselo al mismo Shantideva, pero no tenían forma de localizarlo.

Un tiempo después, se enteraron de que Shantideva vivía en otra parte de la India, por lo que decidieron enviar una embajada de monjes a visitarlo, presentarle sus disculpas y pedirle su retorno a Nalanda. Así lo hicieron, pero cuando llegaron con Shantideva, él rehusó la invitación. Sin embargo, volvió a recitar el Bodhisattvacharyavatara para ellos. Los monjes preguntaron acerca de los textos que había utilizado de referencia, cosa muy común en ese entonces. Él les contestó que se había basado en “El compendio de las enseñanzas” (Shikshasamuchaya, en sánscrito), pero nadie lo conocía ni había escuchado sobre él. Entonces le preguntaron dónde lo podían consultar. Les dijo que lo encontrarían en su antiguo cuarto de Nalanda, escondido entre las trabes del techo. En realidad es otro libro escrito por el mismo Shantideva.

La fama de Shantideva creció y se esparció por toda la India. Un maestro no budista muy letrado lo retó a un debate. En aquellos tiempos se acostumbraba que el perdedor de dichos debates tenía que dejar su doctrina y seguir la del ganador. Al enfrentarse, Shantideva lo venció. Así sucedió con muchos otros maestros que se atrevieron a retarlo, por lo que tuvieron que adoptar la doctrina budista. Falleció en 763 d.C.


DALAI LAMA


Por Dr. Francisco Miro Quesada
El Comercio, Peru
Sabato, 13 de Mayo de 2006

SINCERO. El Dalai Lama es un hombre honesto, divertido. Un pensador
dispuesto a contestar con paciencia cualquier pregunta.

DIÁLOGO. Dice el Dalai Lama que fue su madre quien le enseñó a ser
compasivo, que le habló con sus actos. El amor, la compasión y la
tolerancia son los ejes de su prédica; la humildad su bandera personal;
el humor, su arma para generar confianza. El líder tibetano nos recibió...

Es una experiencia extraordinaria haber conocido al Dalai Lama Lhamo
Thondup. Es diferente de todas las personas que he conocido. Aunque,
desde un punto de vista general, se lo puede considerar algo así como un Papa, su conducta no tiene nada que ver con la de un pontífice. Los papas, aunque a veces sonríen, nunca se ríen y son muy solemnes. Lhamo Thondup es todo lo contrario. Es un espíritu ligero, aunque sumamente profundo. Suena a paradoja, pero es así. El Dalai Lama no solo sonríe, también se ríe y, a
veces, a carcajadas. Hace bromas con sus interlocutores, se rasca la
cabeza a cada rato, y bosteza sin miramientos. Que yo recuerde, nunca he visto bostezar a un Papa, por lo menos en forma no disimulada.

Después de que le hice la entrevista, fuimos todos a la Biblioteca
Nacional, donde hubo dos sesiones. En la primera, el Dalai Lama estuvo al
centro de una larga fila, en la que estaban representantes de todas las
religiones existentes en el Perú. Había atuendos impresionantes, como el
de un monje ortodoxo y, sobre todo, la del representante de la religión
anglicana. Un hombre muy alto, con una crecida barba, calota en la
cabeza, pequeña sobre los hombros y hasta la mitad del pecho, y luego, una larga sotana. Todo el vestido era de un agresivo color rojo borgoña. A su
derecha estaba el representante de la Iglesia Católica, de tamaño más o menos normal, pero parecía un enano. Traté de ubicar a los representantes de
las demás religiones. Había un japonés, pero, que desilusión, en lugar de ser
un representante del budismo Zen, era un pastor evangélico.

Yo creía que el Dalai Lama iba a dialogar con algunos de los representantes de diferentes religiones, pero no fue así. Habló en tibetano. Tenía un traductor que daba la impresión de ser excelente y de comunicar de manera cabal todo lo que decía el gran monje. Como soy muy aficionado a los lenguajes, traté de captar los sonidos del idioma en que hablaba Lhamo Thondup. Tenía la u francesa, y la oe alemana. Pero no es un idioma nasal como el chino. En realidad no suena en absoluto como chino ni como japonés. He averiguado que es un idioma de origen mongol y que está emparentado con el húngaro.

Después de la reunión con los representantes de las diferentes
religiones, se pasó a una sesión de preguntas. Como sucede siempre, al
principio reinaba la timidez en la sala, nadie se atrevía a preguntar.
Hasta que se arriesgó una mujer. Esta vez, Lhamo Thondup habló en inglés.
Su inglés es correcto, pero su pronunciación, a veces, deja mucho que
desear. En muchos casos el traductor acudía en su ayuda y repetía su
respuesta en perfecto inglés. Las respuestas del Dalai Lama eran siempre
iluminadoras, respondía con humor y la concurrencia reía. La sesión fue
larga y duró alrededor una hora y media. Haber asistido ha sido una gran
experiencia y ha contribuido a reforzar el concepto que me había formado
del gran hombre. Vamos, ahora, a la entrevista.

Es un gran honor su santidad estar en su presencia y que me haya
concedido una entrevista, siendo uno de los grandes líderes espirituales
del mundo. Mi honor es ilimitado. Vengo de parte de El Comercio, diario
en el cual trabajo desde hace 70 años. Pero no le haré las preguntas sobre
temas que ya han salido en diarios y revistas. El director quiere algo
nuevo, quiere que hablemos sobre su filosofía, su manera de ver el mundo,
sobre todo aquello que pueda ser iluminador para nuestros lectores.

Además de periodista, soy un hombre dedicado a la filosofía y durante muchos
años me ha interesado el problema religioso, y sobre todo el budismo. Lo he
estudiado bastante, de manera que haré las siguientes preguntas.

¿Es usted un buda?

No.

¿Cómo es el sentimiento de liberación?

Los textos dicen que es un sentimiento de perfecta calma, de autocontrol
absoluto, y de desaparición de todo deseo. Se elimina todo lo negativo, esa, es la clave de todo.

Entonces hablemos sobre el nirvana. ¿Qué cosa es este componente
misterioso y fundamental de la Doctrina Budista, presente en todas sus
variantes hinayánicas y mahayánicas?

Según la tradición antigua, el nirvana significa liberación. Es un antiguo concepto indio y no budista y que tiene significados o interpretaciones diferentes.

¿Cuando se ingresa en el nirvana uno queda liberado del renacimiento?

Exacto. Una vez que se llega al nirvana la mente se torna independiente.
Las emociones ya no dominan ni influyen en nada. El renacimiento no se
produce más. El nacimiento ordinario es ya de otro, pero no es el mío.

Casi todos los especialistas en budismo, tanto orientales como
occidentales, difieren entre ellos.

Es natural. Hay desacuerdos reales entre los diversos maestros y esa
es la única razón. Yo pienso que mientras el concepto de nirvana permanezca
siendo un asunto intelectual, habrá diferentes interpretaciones, pero una
vez que se experimenta desaparecen las diferencias. Eso está claro. Se
llega al nirvana por medio de una técnica de la mente. Pero no es, de
ninguna manera, una técnica de la mente. En él no se sobrevive, pues es
independiente de la existencia real. Es una negación de la imaginación y
la mente, y se ganan de este modo experiencias más profundas. Y,
eventualmente, la visión equivocada de lo que es el nirvana, queda
erradicada. Esta es mi visión al respecto. El nirvana es la última
realidad de la mente. O, con mayor precisión, es el resultado del último paso que ha dado la mente real.

¿Por qué el número de reencarnaciones es tan importante respecto de la
sabiduría? ¿Se ha liberado ya de la rueda de la vida la persona que
recuerda sus reencarnaciones?

Desde la perspectiva budista, alguien que tiene continuos renacimientos es considerado más creador, más precioso. Es un tema común tanto al budismo como al brahamanismo, hay muchas similitudes, pero naturalmente todo ello significa compasión, tolerancia, amor, autodisciplina, perdón. De acuerdo con las viejas tradiciones, todo esto es lo mismo entre el budismo, el catolicismo, el hinduismo y el islamismo. En el budismo es muy importante el concepto de karma. El concepto de reencarnación tiene que ver con el karma, lo mismo que el nirvana. Pero esta tradición no es solo budista, sino que también es brahamánica. En este sentido se puede considerar al budismo y al brahamanismo, como hermanos gemelos.

Sobre el karma existe un tema que me preocupa mucho: es completamente
mecánico. No corresponde al concepto de castigo impuesto por un poder
superior, como Dios mismo. ¿Cuál es la profundidad de su fe en el karma?

Es verdad que el karma es mecánico. Las cosas pasan debido a esto y
aquello. Puede hacerse la siguiente comparación: la ley del karma es como
la ley de la causalidad. Esta ley rige universalmente en la naturaleza.
Empero, puede haber una causalidad baja, o sea, no absoluta, sino
probabilística. Por lo menos en ciertos casos. Cuando hay buena semilla y
la tierra ha sido bien arada, se presentan rutinas para la cosecha. Si
usted atiende intensamente a estas cosas, puede observar que también se
refieren a su vida. Si alguien tiene una buena educación, si trabaja
respecto de sí mismo, será una buena persona. Es cierto que el karma es
mecánico. El que ha hecho bien renace en una situación superior a la que
tenía. Si ha hecho mal, renacerá en una posición inferior. Pero, y esto
es muy importante, no en todo caso se producen las cosas de modo puramente mecánico. A veces, hay una producción de castigo (descenso), o de premio (ascenso), que es probabilística. Solo puede producirse el karma en un
99%, pero siempre habrá algo que usted no puede predecir y todo esto depende no solo de esta vida sino también de las otras vidas que suelen estar ocultas.

Las reflexiones que acabo de hacer, para los budistas, son filosóficas.
Pero también lo son en la concepción brahamánica.

En el Hinayana y el Mahayana la creencia en la reencarnación es algo
comparable al aire que respiramos. No hay posibilidades de dudar o de
pensar negativamente sobre ella. Empero, la idea de la reencarnación no
es tan simple. ¿Cómo es posible? ¿Por qué nadie, con muy pocas excepciones,
recuerda sus vidas anteriores? Además el hecho de haberse reencarnado
muchas veces significa que el reencarnado es un hombre sabio y liberado.

Esas personas son completamente excepcionales, recuerdan de manera muy
clara sus vidas pasadas y eso depende, eventualmente, de los nacimientos
anteriores. Esta creencia existe no solamente en el budismo mahayánico,
sino también en el hinayánico.

Si no me equivoco, el budismo tibetano pertenece al Mahayana o Gran
Vía. Y, entonces, debe ser muy diferente del budismo hinayánico, que es más
antiguo y más fiel a las enseñanzas del mismo Buda, que están expuestas
en el Udana y el Dharmapada.

No es así, pues el budismo tibetano es completo, pues incluye al
budismo mahayánico en su práctica del theravada, al budismo hinayánico y, además, al budismo tántrico. Hemos discutido sobre este hecho notable con monjes de Tailandia y de Sri Lanka, con quienes hablamos, además, sobre el budismo chino y el japonés, y todo eso significa que nosotros tenemos todas las visiones o concepciones tradicionales.

Esto es nuevo para mí.
Lo que sucede es que los modernos expertos occidentales en budismo no
ven la profunda riqueza del budismo, no la conocen.

Temo que la entrevista ha sido larga, pero tengo una excusa por haber
abusado de su bondad: nuestros lectores están ávidos por saber de usted.

La importancia que tiene para los peruanos, tanto cristianos como budistas,
es mayor de lo que imagina. En el mundo hay una crisis de valores y en
nuestro país es mayor. ¿Puede darnos un mensaje que nos ayude a superar la crisis en que estamos sumidos? Un mensaje que pueda tener una profunda
influencia en todos los aspectos de nuestro país, incluso, el político.

La solución a la crisis de valores tienen que encontrarla ustedes
mismos. Por supuesto, como hermanos y hermanas podemos compartir
experiencias y puntos de vista, pero la solución debe venir de ustedes mismos.